La conversación

hombre sentado conversacion

Como de costumbre, me dirigía a mi casa, según mi rutina, a la misma hora de los viernes. Una semana mas del mismo trabajo, agotador y frustrante, pero «un buen trabajo». Vivía según lo que debía hacer, un buen apartamento, un buen trabajo, un par de amigos, con los que eventualmente tenía alguna conversación.

Sin molestar a nadie, sin tomar riesgos. Un sentido de moral que me impedía tomar ventaja de alguien, por el contrario, en ocasiones dejaba que otros tomaran ventaja de mi. «Oye se que es viernes, ¿pero te puedes quedar un rato mas?, el algo urgente, se que no dirás que no». Y así dejaba arruinar mis planes para un viernes…

Mis planes de un viernes, ja!, ¿a quien engaño? mi vida social era casi inexistente, y ni hablar de la amorosa. Toda mi vida se enfocaba en mi trabajo. Con una jefa mas joven, que las malas lenguas decían que había logrado el puesto por conocer a alguien. Aun por encima de mi y de dos compañeros mejor calificados. Pero no podía quejarme, tenía un buen trabajo.

En fin mi vida transcurría en esa monótona rutina confortable, salvo pequeñas lagunas en mi memoria en las ultimas semanas, todo transcurría normal.

Hasta hoy, al entrar al living de mi apartamento, me encontré con una sorpresa, la presencia de una persona sentada en mi poltrona favorita.

– Te estaba esperando. – me dijo.

II

—¿Quien eres? —pregunté con sorpresa y algo de miedo.

—Sabia que dirías eso, eres demasiado predecible.

—¿Quien eres? —volví a preguntar, con mas miedo todavía, vivía solo en un piso 17 y nadie tenía copia de mis llaves.

—Soy la persona que mas detestas, pero en el fondo, soy a quien mas admiras —dijo y con una actitud muy arrogante siguió fumando un costoso tabaco.

—¿Como dices eso? ni siquiera te conozco, tu no me conoces! —Reconozco que algo en el me parecía familiar, aunque sus gestos elegantes, no eran de personas con la que yo soliera relacionarme. Cuidaba cada detalle de lo que decía. Combinaba con su forma de vestir, elegante, a la moda. Su sola presencia te hacia entender que era una persona segura de si misma y sin ningún tipo de complejo.

—Claro que te conozco, te conozco muy bien —hizo una pausa y sonriendo me dijo señalándome con la mano que fumaba—, rayos! nadie en este mundo te conoce mejor que yo, ni siquiera tu mismo.

—Es un absurdo lo que dice, nunca lo he visto en mi vida —casi tartamudeando por el miedo, logré preguntar—, ¿Cómo logró entrar aquí?

—No hay lugar, permiso —se interrumpió a si mismo, para servirse un vaso de mi mejor whisky, y prosiguió —, repito, no hay lugar donde yo no pueda estar, siempre que tu hayas estado ahí. Creo que así funciona esto.

Guardaba esa botella para una ocasión especial, y él se lo sirvió así como si nada. Creo que este abuso de su parte cambió el miedo inicial por ira. Saqué mi teléfono y le dije, en un tono casi demandante.

—¡Lárguese de mi casa o llamaré a la policía!

—Hazlo —dijo mientras soltaba una carcajada de burla con matices de ironia —, si quieres terminar en un manicomio.

—Estoy hablando en serio —Esta vez no soné tan contundente.

—No conviene que alguien venga a ver lo que aquí sucede, terminarás recluido en alguna institución mental, o algo por el estilo. Si se enteran de tu agudo insomnio, tus recientes lagunas mentales, te encerraran seguramente.

Al decir eso un escalofrío recorrió mi espalda y me paralizó, este hombre sabia demasiado de mi.

Mi insomnio se había agudizado, llevaba semanas prácticamente sin dormir, no recordaba cuando lo hacía. Ya era común reaccionar en mi oficina sin saber como llegué; o despertar en mi cama sin memoria alguna de lo sucedido el día anterior.

Incluso en ocasiones tenía la sensación de que mis sueños eran demasiado reales, no sabía si dormía o estaba despierto. Aun así no había ido al médico, estaba convencido de que era estrés laboral.

—¿Como sabes eso? —Mi curiosidad era mas fuerte que mi miedo, así que solté mi teléfono desistiendo de la idea de llamar a la policía.

—Te dije, que soy la persona que mejor te conoce —hizo una pausa y señalando la otra poltrona, me dijo—. Mi tiempo tiende a ser limitado. Así que siéntate, tenemos una conversación pendiente.

III

La sorpresa y el temor habían sido desplazados por el interés y la curiosidad. ¿Quien era este sujeto? ¿Cómo sabía esas cosas tan personales? ¿Por que yo terminaría recluido si llamaba a la policía? ¿Que otras cosas sabía? Accedí a sentarme y escuchar, esperando algún tipo de respuestas a todas mis dudas.

—Como ya te dije, mi tiempo es limitado y breve, así que escucha con mucha atención. Quizás sea la primera y ultima vez que logremos coincidir.

Me miró directamente a los ojos y en un tono bastante solemne me dijo:

—Tu vida, tu patética vida, debe llegar a su fin.

—¡Mi vida no es patética! —reclamé obviando eso del final de mi vida.

—Tienes razón, no es tu vida. Tu eres patético, así que ya debes dejar de existir.

No pude contestar a eso, por lo que continuó hablándome.

—Estás frustrado, cansado de quien eres, deseas algo mas, lo se. Yo te he visto desearlo, estoy ahí cuando ahogas tus frustraciones, y la verdad, me das vergüenza.

—¿Como puedes estar ahí? no te conozco.

—Estoy cansado de verte así —continuó ignorando mi pregunta, esta conversación parecía mas un monólogo—, no sabes cuantas veces quise salir y golpearte yo mismo por ser tan decadente.

—Espera, es primera vez que te veo, ¿como dices eso?

—Es verdad, es primera vez que me ves, pero yo siempre he estado ahí.

Estaba totalmente desconcertado, terminé de reclinarme en mi asiento y decidí servirme un trago también, al fin y al cabo era mi botella. Luego de una breve pausa para beber, prosiguió con la conversación.

—Siempre he estado ahí, observándote, silente, creciendo con tu frustración. Irónicamente cada uno de tus fracasos, en cualquier aspecto de tu vida, me hacia crecer. Me fortalecí en con tu decadencia. Y aprendí a convivir contigo, hasta que tuve fuerza para actuar por mi cuenta.

—¿Pero como es posible? aun no contestas ninguna de mis preguntas, ¿Quien eres?

—Esta conversación no es para contestar tus preguntas, ademas ya esa la sabes. Te lo dije, soy la persona que mas detestas y a la vez la que mas admiras. Soy todo lo contrario a lo que tu eres.

—¿Como es eso posible? Es primera vez que hablamos —A pesar de lo familiar que me parecía, aun no lograba determinar si alguna vez lo había visto.

—No sé como ocurrió, que artimaña del destino nos enlazó por así decirlo, pero —seguía haciendo pausas para beber o fumar mientras hablaba —, ya no podemos coexistir, me cansé de vivir a las sombras, mientras tu desperdicias tu vida.

—¿A que te refieres con eso de coexistir? —volvió el miedo a mis palabras, y volví a caer en cuenta que había un extraño en mi apartamento.

—Esa es la pregunta clave en esta conversación, mi estimado —su rostro se iluminó, como el que logra resolver un acertijo, al tiempo que sacaba un revolver y lo colocaba en la mesa entre nosotros —, uno de los dos debe morir hoy.

IV

El miedo recorrió mi espina dorsal. ¿Que pretendía este sujeto? Una sensación de vacío se apodero de mi estomago, y seguramente el notó que mi piel se volvió más pálida de lo normal. Se termino el trago y siguió hablando.

—No te niego que disfruto mucho mis breves salidas, pero como te dije mi tiempo es limitado. Con cada una de mis salidas, tu me odiabas mas, pero mas anhelabas ser como yo. Porque yo hago lo que tu no te atreves, y se que disfrutarías ser como yo, pero le temes a lo que puedan decir.

En este punto ya nada me parecía lógico. La confusión se apoderaba de mi, aunque como si fueran flashes, venían a mi recuerdos de sueños que había tenido recientemente.

—Estabas ahí, pero te negabas a reconocer lo que sucedía. Eres bien difícil ¿sabes?. Tengo días tratando de tener esta conversación contigo, pero siempre te me escondías.

Hizo una pausa nuevamente, apagó lo que quedaba del puro, y prosiguió:

—En fin, mi tiempo se agota y no quiero seguir en esto, así que debes morir, para que yo viva plenamente —pensé que había decidido matarme, tomo el arma de la mesa —, pero no yo puedo matarte, solo tu tienes el poder de acabar con uno de los dos, así que toma.

Colocó el arma en mis manos y prosiguió hablando mientras se reclinaba, y sonreía con aires de victoria.

—Así que todo depende de ti, solo uno de los dos saldrá vivo al terminar esta conversación. Pero ya sabes que hacer. tu decides si quieres continuar con tu patética vida o acabar de una vez por todas con ella. Pase lo que pase creo que mas nunca nos volveremos a ver.

Toda esta conversación me tenia muy confundido, tome el arma en mis manos y me quedé pensando todo lo que este individuo decía. ¿Era una persona patética? ¿Era un perdedor?

No entendía bien de que hablaba, pero tenia miedo a morir, ¿por que no me mataba y ya? ¿Por que yo debía tomar una vida? Quizás el tenia razón. Hoy me sentía muy frustrado al llegar aquí, y me daban una opción. Pero yo no era capaz de matar a alguien, tampoco de dispararme, ¿que debía hacer?

De pronto reaccioné al sonido de un disparo, con la misma sensación que tengo luego de una laguna. Seguía sentado en la sala de mi apartamento, pensé que se trataba de uno de mis extraños sueños, pero al levantar la cabeza, el seguía ahí, aunque inerte, con la cabeza hacia atrás, con un disparo en la frente y una extraña sonrisa en su rostro. ¿Había disparado yo? No recordaba lo que pasó. Me levante, tembloroso para buscar ayuda. Pero tenia en mi una paz que nunca había sentido, el miedo desapareció y una extraña satisfacción se apodero de mi, me sentí bien al saber que esta conversación había terminado.

Decidí salir del apartamento y buscar ayuda, me detuve en la puerta y volví mi mirada a donde yacía el cuerpo, mi egoísta sensación de bienestar, se desvaneció. Volví a sentir el vacío en el estomago cuando vi que el arma, aun humeante, yacía justo al lado de su mano colgante del mueble, el se había disparado, pero, ¿si yo tenia el arma?.

La sonrisa en su rostro, pero esta vez desde el espejo, me confirmaba que «Yo» ahora era «El».

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